lunes, 17 de agosto de 2015

Saint-Etienne'76

Tienen aparcada la autocaravana de una forma un tanto extraña: tapando el lago que hay detrás con el vehículo. Una pareja, los sesenta bien cumplidos por ambos, un perro atado a un poste con una cuerda larga junto a ellos, con su bebedero limpio y lleno de agua y un comedero idéntico con pienso. Me acerco a pedirles un conector para la manguera del agua, ese área de ACs tiene un sistema en el grifo que no había visto antes. Se levanta y veo que tiene las piernas arqueadas totalmente: un ex futbolista. Me hago entender entre español e inglés. Sí, tiene el conector apropiado, un doble macho, se vuelve a la auto, abre la puerta y veo un póster antiguo pegado dentro: el Saint Etienne del 76. Uno de los primeros recuerdos que tengo de fútbol. Vuelve a salir, rodea la auto y coge de una puerta trasera el conector. Me acompaña hasta la zona de carga de agua bamboleándose con las piernas extremadamente arqueadas y una notable cojera en la zurda. Me vuelvo y junto a su mujer, muy francesa, con la cara maquillada con sobriedad, vestida con elegancia pero con ropa que en España sólo llevaría una mujer mucho más joven, hay un gato enorme con muchísimo pelo y unos ojos gigantes. Maúlla en voz alta, quejándose de la lejanía del dueño. El ex-futbolista me acompaña hasta la auto, ve como conecto correctamente la manguera, se espera, poco esperanzado sobre mi habilidad con el pago francés, a que empiece a brotar el agua y regresa lentamente, como si le doliera la pierna, hasta la silla junto a su mujer, su gato y el perro que, alegre, parece no enterarse de algo. Pienso en el partido de la final que perdió el Saint-Etienne, en los tiros al palo, en los postes cuadrados. Me gustaría preguntarle que porqué tiene el póster, que porqué cojea. No sé francés y él no me ha demostrado, más allá de darme el conector correcto, que conociera el español. Acabo de llenar el depósito, me dicen algo desde dentro de nuestra auto y vuelvo a devolverles el enganche. El hombre está sentado de espaldas a mi, se levanta, amable, le doy las gracias y veo un balón de fútbol colgado en el retrovisor interior.
-¿Fútbol? -le pregunto señalando el balón.
- No, no…

Le cambió la cara, cogió el conector, me dijo adiós y se escondió para guardarlo. La mujer me miró seria y con la cara congelada, el gato, con desprecio e incluso el perro pareció parar en sus juegos para lamentarse. Me quedé parado y me volví lentamente, miré el balón colgado en el retrovisor y me monté en nuestra autocaravana. Arranqué y los volví a mirar: todos de espaldas al lago, ocultando la belleza y lejos de la vista del resto del mundo.



domingo, 21 de septiembre de 2014

#‎10BookChallenge‬ (Lista B)

Me han vuelto a invitar a hacer la lista de los 10 libros y lo aprovecho, por supuesto. Ahí va la lista B.

Milleniun El peor café del mundo es el que se tomó Larsson el día del infarto. Nos faltan siete novelas por leer y ya no podremos.

El enamorado de la osa mayor de Piasecki.  Hay que ser contrabandista y leer este libro seis o siete veces.

El padrino. Lo leí al tirón. Todo es un asunto personal.

Billar a las nueve y media. Esta es la novela que yo quería escribir, puente incluido.

Se pierde la señal. Porque me enseñó a leer poesía.

Se busca una mujer. El borracho que mejor escribe, sobre todo cuando pierde la pose.

Memorias de un burro. Mi primer libro favorito, en la edición de Bruguera con la viñeta en la página de al lado. Todavia lo tengo, año 73 pone en la firma.

Ana Karenina, mira que te tengo dicho que al tren ni te acerques, pues cada vez que te leo, vas y te vuelves loca.

La peste. Uno de los mejores y más optimistas libros que he leído

Los cuentos de Hem. Busqué durante años la edición en la que decía que quería tener su herramienta destrozada por el uso, pues es en el prólogo de esta edición.

Joder, ¡El barón rampante! si se me olvida por segunda vez, dejo de hablarme.

domingo, 7 de septiembre de 2014

#‎10BookChallenge‬

Avisos:
No voy a corregir el texto, esta propuesta si me la tomo en serio, con lo friki que soy, puede tenerme loco durante meses. Es decir, me encanta hacerlo, pero va a ser la lista de mis diez libros preferidos durante el rato que tarde en escribirlo.
He repetido miles de veces la frase de Kundera que decía, más o menos, “la novela es mi patria”. Esto quiere decir, por lo que conlleva de curioso sentimiento nacionalista, que no voy a ser nada profesional y voy a decir, dentro de lo que cabe, la verdad.
1. Guerra y paz de Tolstoi. Es la madre y el padre de todas las novelas. La mejor obra que he leído y el gran libro de mi madurez. La adoro. Es perfecta hasta en sus excesos. Ya, ya sé que Ana Karenina está mejor escrita pero no es tanto libro, no hay ese talento excesivo, esa cantidad apabullante de vida. El único problema de este libro es cuándo volver a leerlo. ¿Una vez cada cinco años? ¿Cada diez? (Imprescindible leerlo en la traducción de Mario Muchnick o, supongo, en ruso).
2. La dama de las camelias de Dumas hijo. Mi libro de los quince años. Una novela da amor y un libro contra la intolerancia, así, al menos, lo leía yo hace treinta años.
3. La casa de la colina de Cesare Pavese. Lo leí porque se confundió alguien o porque me confundí yo al comprarlo con trece o catorce años. Y claro, la literatura se convirtió en otra cosa.
4. Por quién doblan las campanas de Hemingway. El estilo, la pose y el talento. Quiero a los libros por sus virtudes, por sus aciertos y Hem tiene tantos que es imprescindible. Sería no sólo otro lector, sino otra persona sino lo hubiera leído. (Podrían ser los cuentos o Fiesta pero hoy me quedo con esta).
5. Los mares del sur de Vázquez Montalbán. Una noche complicada vi a un señor con bigote en Almuñecar. Era don Manuel. Seguro.
6. Rojo y negro. Guerra y paz sólo hay una pero esta… La leí mal, durante meses mientras estudiaba hace un par de años, da igual como la leas, es sencillamente impresionante.
6. Los Diálogos de Platón. Mi libro de la facultad. Aprender a pensar y aprender a distinguir lo bueno y lo bello. Y cosas así.
7. La insoportable levedad del ser de Kundera. Durante años llevé un ejemplar en el coche y leía trozos cuando tenía que esperar. No sé si ahora me gustaría tanto como hace diez o veinte años.
8. Hermosos y malditos de Scott Fitzgerald. Nadie ha contado mejor los desastres que SF. Y los cuentos que escribió para Vogue y Cosmopolitan.
9. Espera a la primavera Bandini de Fante y Las bestiales bienaventuranzas de Balthazar B de Donleavy. Porque son una bandera y porque de ahí vengo.
10. El árbol de la ciencia de Baroja. Era obligatorio en COU e hice trampa para el trabajo. Luego lo leí cinco o seis veces. También valdría alguna de Galdós.