domingo, 3 de enero de 2016

Lecturas 2015

Durante 2015 he leído sólo 30 libros, pocos para lo que me gustaría y para lo que habitualmente leo: este año tengo que volver a la normalidad de un libro a la semana.

Los dos libros que más me han gustado son novelas y son relecturas de obras que me han influido a lo largo de toda mi vida. En cierto modo es normal, si relees libros fundamentales, son los que más te gustan.

“Los mares del sur” de Vázquez Montalbán es la gran novela negra europea, el paso  entre Chandler y Hammet y la pareja de suecos impronunciables y la ola de grandes autores que ahora disfrutamos (ay, Mankell, que nos dejaste en 2015). Me sorprendió lo actual que es, lo bien que ha envejecido, lo terrible que muchas de sus denuncias sigan igual o peor, que el país no haya logrado dejar atrás ese diagnóstico.

“El árbol de la ciencia” lo leí en COU cinco o seis veces. Justo después de copiar el trabajo que tenía que hacer para Literatura. Normal, se lee cuando hay que leer y no cuando lo dicen las profesoras, por encantadoras y sabias que fueran, que lo eran. (En el Mixto de la Chana  tuve unas pocas profesoras de literatura, y un profesor, excelentes). Baroja es el viejo cascarrabias que no siempre lleva razón pero sí muchas veces. Y escribe maravillosamente bien.

“Antonio B. el ruso: Ciudadano de tercera” es una obra maestra de la literatura contemporánea. Una novela de la pobreza comparable a las de Chukri o Istrati pero en León y con picoletos franquistas. Hambre y pobreza española, de ahí al lado.

No destaco ninguno de los libros de Karmelo C. Iribarren porque me gustan todos, quizás el que más “Ola de frío”, he leído cinco obras suyas este año, en 2016 las que quedan, y cuando acabe, leeré su poesía completa. No me gusta la pose sobre y de los bares pero en algunas páginas se asoma al abismo de la verdad y a la belleza.

También leí y disfruté a Alejandro Palomas —Guille, un personaje niño para los que odiamos los libros con niño—, Padura, —cubano que parece norteamericano, tengo que leerlo más—, Margarit, Gramsci vía Kohan, la deliciosa “La granja urbana” de Novella Carpenter, los dos primeros de novela negra de Jean-Luc Bannalec —¡la Bretaña!—, a Errejón con “Construir pueblo”, varios de Paul Strathern después de un montón de años sin leer filosofía…

(Mucha literatura española, no me había dado cuenta hasta ahora, ¡bien!)

lunes, 17 de agosto de 2015

Saint-Etienne'76

Tienen aparcada la autocaravana de una forma un tanto extraña: tapando el lago que hay detrás con el vehículo. Una pareja, los sesenta bien cumplidos por ambos, un perro atado a un poste con una cuerda larga junto a ellos, con su bebedero limpio y lleno de agua y un comedero idéntico con pienso. Me acerco a pedirles un conector para la manguera del agua, ese área de ACs tiene un sistema en el grifo que no había visto antes. Se levanta y veo que tiene las piernas arqueadas totalmente: un ex futbolista. Me hago entender entre español e inglés. Sí, tiene el conector apropiado, un doble macho, se vuelve a la auto, abre la puerta y veo un póster antiguo pegado dentro: el Saint Etienne del 76. Uno de los primeros recuerdos que tengo de fútbol. Vuelve a salir, rodea la auto y coge de una puerta trasera el conector. Me acompaña hasta la zona de carga de agua bamboleándose con las piernas extremadamente arqueadas y una notable cojera en la zurda. Me vuelvo y junto a su mujer, muy francesa, con la cara maquillada con sobriedad, vestida con elegancia pero con ropa que en España sólo llevaría una mujer mucho más joven, hay un gato enorme con muchísimo pelo y unos ojos gigantes. Maúlla en voz alta, quejándose de la lejanía del dueño. El ex-futbolista me acompaña hasta la auto, ve como conecto correctamente la manguera, se espera, poco esperanzado sobre mi habilidad con el pago francés, a que empiece a brotar el agua y regresa lentamente, como si le doliera la pierna, hasta la silla junto a su mujer, su gato y el perro que, alegre, parece no enterarse de algo. Pienso en el partido de la final que perdió el Saint-Etienne, en los tiros al palo, en los postes cuadrados. Me gustaría preguntarle que porqué tiene el póster, que porqué cojea. No sé francés y él no me ha demostrado, más allá de darme el conector correcto, que conociera el español. Acabo de llenar el depósito, me dicen algo desde dentro de nuestra auto y vuelvo a devolverles el enganche. El hombre está sentado de espaldas a mi, se levanta, amable, le doy las gracias y veo un balón de fútbol colgado en el retrovisor interior.
-¿Fútbol? -le pregunto señalando el balón.
- No, no…

Le cambió la cara, cogió el conector, me dijo adiós y se escondió para guardarlo. La mujer me miró seria y con la cara congelada, el gato, con desprecio e incluso el perro pareció parar en sus juegos para lamentarse. Me quedé parado y me volví lentamente, miré el balón colgado en el retrovisor y me monté en nuestra autocaravana. Arranqué y los volví a mirar: todos de espaldas al lago, ocultando la belleza y lejos de la vista del resto del mundo.



domingo, 21 de septiembre de 2014

#‎10BookChallenge‬ (Lista B)

Me han vuelto a invitar a hacer la lista de los 10 libros y lo aprovecho, por supuesto. Ahí va la lista B.

Milleniun El peor café del mundo es el que se tomó Larsson el día del infarto. Nos faltan siete novelas por leer y ya no podremos.

El enamorado de la osa mayor de Piasecki.  Hay que ser contrabandista y leer este libro seis o siete veces.

El padrino. Lo leí al tirón. Todo es un asunto personal.

Billar a las nueve y media. Esta es la novela que yo quería escribir, puente incluido.

Se pierde la señal. Porque me enseñó a leer poesía.

Se busca una mujer. El borracho que mejor escribe, sobre todo cuando pierde la pose.

Memorias de un burro. Mi primer libro favorito, en la edición de Bruguera con la viñeta en la página de al lado. Todavia lo tengo, año 73 pone en la firma.

Ana Karenina, mira que te tengo dicho que al tren ni te acerques, pues cada vez que te leo, vas y te vuelves loca.

La peste. Uno de los mejores y más optimistas libros que he leído

Los cuentos de Hem. Busqué durante años la edición en la que decía que quería tener su herramienta destrozada por el uso, pues es en el prólogo de esta edición.

Joder, ¡El barón rampante! si se me olvida por segunda vez, dejo de hablarme.