jueves, 31 de diciembre de 2020


Una mujer desconocida iba, solitaria, hacia la plaza de la Romanilla. Granada estaba semi cerrada y las librerías y las libreras trabajábamos porque éramos arbitrariamente esenciales. En las calles había muy poca gente. Yo comía en la librería e iba a buscar café cerca de Bib-Rambla, buen café para llevar, en triste vaso de plástico. Eran sobre las tres de la tarde y esa mañana había cogido la cámara para sentirme guiri o turista en el pequeño descanso que tenía entre la mañana y la tarde. ¿Qué he hecho este año? Tener prisa. Correr. 



Esta mujer lleva manga corta y tacones. Creo recordar que yo iba mucho más abrigado. No hacía frío pero tampoco calor. Bib-Rambla estaba desierta y la plaza donde están el Oliver y Cunini también estaba desolada como el barrio de la Magdalena. Ayer hubo lleno, o casi, en Sierra Nevada. En enero tendremos cierre parcial de ciudad y, con suerte, intentaré coger una semana de vacaciones en febrero. Una semana sin prisa. Sin correr. 



Miro la foto y veo todo lo que no salió bien: no está cuadrada, aparece un codo sin cuerpo, una mochila mira el escaparate de una librería y no hay librería. Todo mal. Muy 2020. Pero la mujer del vestido negro avanza con decisión y manga corta. No estoy seguro de si tenía prisa. Dispuesta. Anda dispuesta. En manga corta.



Sólo tengo un plan para el 21: tener tiempo. Y no correr. Los demás planes son los de siempre: leer, escribir, viajar si se puede, hacer fotos, ver muchos partidos de fútbol. Tener tiempo y tener tiempo lento. Como plan. Y estar dispuesto. Aunque no sea capaz de ir en manga corta. 





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