miércoles, 16 de noviembre de 2011

Ray Bradbury - Zen en el arte de escribir


Zen: “...el Zen busca la experiencia de la sabiduría más allá del discurso racional...” (Wikipedia Esp.)
“ Forma del budismo que recurre a la meditación, al control del espíritu y a técnicas dialécticas para alcanzar la iluminación:” (WordReference.com)

Dice Bradbury que le perdonemos el uso de la palabra Zen en el título del pequeño ensayo que da título al libro, y no creo que sea necesario. Más allá de lo divertido, y poco fructífero, que ha sido buscar una definición coherente de zen: no viene en la mayoría de los diccionarios y en los que viene dice que zen es una teoría del budismo zen y el budismo zen es una teoría del zen. En la wikipedia se pierde en un montón de enlaces a otros contenidos y lo más parecido que hay a una definición es la frase que entresaco al principio y que, por otra parte, ya tiene la suficiente miga y me recuerda a una definición de Valdano que venía a decir que en el fútbol se demostraba la inteligencia de los pobres, la inteligencia rápida que permitía expresarse a alguien como Maradona.

Bradbury se dedica a la literatura porque, con la dura edad de nueve años, decide que sus historietas de Buck Rogers son más importantes que los imbéciles de sus amigos. Tal vez no haya momento más perro que cuando descubres que amistad y estupidez a veces van juntas. Sólo me parece más valiente asumir la estupidez, vivir junto a ella, que la dolorosa pero inevitable elección de quedarse con Buck Rogers.

RB le pregunta a Peckinpah como va a rodar una peli y este le dice que “va a arrancar las páginas y las va a meter en la cámara”. Esa frase resume lo que me ha gustado de este libro. RB destila en cada página pasión por lo que hace, pasión por construir y contar historias. Habla con sus personajes, les pregunta cómo están, los acompaña y les ayuda, el autor al servicio de la vida de los personajes, a crecer y andurrear por las páginas del libro. La imaginación está desbocada y libre en todo momento. Páginas y páginas de energía y amor hacia la literatura. Un gustazo. Inevitable pensar todo el rato en el chiquillo, (por dios, no uno de esos con encanto que, conpungidos, oyen moverse el puto centeno), que va contento, tal vez con un balón y unos tebeos, y disfruta de la vida y descubre que sus amigos son unos capullos y la literatura, las historias, le sirven para vivir más.

Trabajo, relajación, no pensar. No es mala receta: constancia, tranquilidad y confianza en uno mismo. Lo que hay dentro, está dentro, sólo hay que aprender a sacarlo. Hablar con el jefe de bomberos de Fahrenheit y descubrir que en el fondo es un frustrado que creía que todo estaba en los libros. No hay nada mejor que un converso, que alguien que ha estado en las dos orillas. Nadie tiene más fe que el que ha llegado desde el otro lado. Nadie debería de ser maś tolerante que el que allí estuvo. El viaje por el conocimiento para encontrar la sabiduría inmediata. Tal vez haya que quemar algún libro.

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