sábado, 14 de noviembre de 2020

 Contra el black friday, contra el día de las librerías, contra la noche en blanco. Contra todas las iniciativas falsamente culturales o abiertamente consumistas que sólo hacen daño al pequeño comercio y al sector al que pertenezco, las librerías. 

El día de las librerías: haz un descuento especial y cierra más tarde. Espere, ¿es el día de las librerías o una condena para las libreras? ¿Hacer un 5% de descuento en libro nuevo? ¿Cerrar más tarde? ¿Trabajar más horas? No, no. 


El negocio del libro se rige por la ley de precio fijo (de 1975, mutilada por Aznar en el año 2000) que permite que sobrevivamos los pequeños libreros y, también, las editoriales y los libros que no alcanzan tiradas masivas. Esta norma autoriza un descuento máximo en el libro del 5% y en su espíritu está el que no se use la competencia sobre los precios para  vender más libros porque perjudica al pequeño librero, al pequeño editor y a los libros con tiradas cortas. En el día del libro se suele hacer descuento, sí, y es una tradición a respetar, consolidada e indiscutible. Pero no tiene sentido crear más días artificiales que van contra nosotras mismas. Las librerías independientes no podemos, no debemos, competir contra los gigantes con sus mismas armas, no tenemos nada que hacer. Nuestra supervivencia está en dar un servicio distinto, en conocer al cliente, en ser motores culturales y no sólo con las actividades y presentaciones sino difundiendo y aconsejando lecturas diferentes a las de los grandes medios y editoriales. 





Con los horarios sucede igual: no podemos competir. ¿Más horas? No. Queremos horarios razonables para poder vivir, no sólo aspiramos a conciliar, queremos vivir. Si el horario comercial en España, y más en Andalucía, es excesivamente largo e irracional no podemos ampliarlo o convertir su ampliación en una fiesta, ese no es el camino. No podemos ni queremos ser algoritmos, no podemos ni queremos ser empresas neoliberales que sean un infierno para propietarias y trabajadoras. Las librerías tienen que ser espacios de conocimiento y, por supuesto, comercio, pero tenemos que lograr sobrevivir desde otros criterios, no les podemos comprar el juego y la baraja, aceptar sus trampas y quejarnos de que nos ganan. 


La existencia de librerías independientes -y editoriales y autoras- es básica para la salud cultural de un país, pero su existencia no depende de factores climatológicos ni astronómicos, depende de posturas políticas que deben tomar por un lado los legisladores y por otro las propias libreras y las clientas.  

Hablemos de Aznar y su reforma del 2000: el gobierno Aznar liberalizó el precio del libro de la enseñanza obligatoria: logró que subieran los precios por encima del IPC y que miles de pequeñas librerías de barrio, de pueblo, perdieran la mayor parte de las ventas de la campaña de texto. En 2007 el gobierno Zapatero reformó la ley sin atreverse a ir contra las grandes superficies comerciales y sin restaurar el precio fijo de los libros de texto. ¿Quieren apoyar a las librerías, señores políticos? Restauren el precio fijo de los libros de texto. ¿Quieren apoyar de verdad a las librerías? Legislen contra el fraude de ley que supone que los grandes portales regalen los gastos de envío en las ventas por internet. En Francia lo han hecho. ¿Quieren de verdad, de verdad, ayudar a las librerías? Regulen las comisiones que nos cobran los grandes portales a las libreras: en algunos casos llegan a ser el 40% del precio de venta. Nos cobran por estar, por vender y por gestionarnos -obligatoriamente- el cobro de las ventas. Son prácticas comerciales abusivas. Regúlenlo. El día que tomen estas medidas celebraremos juntos el día, la semana y el mes de las librerías.


Las libreras: ¿qué podemos hacer? no entrar en su juego. No luchar por vender un céntimo más barato. Apoyar a nuestros portales: todostuslibros.com y uniliber.com. Darlos a conocer. Seguir leyendo y seguir aconsejando y saber que somos empresas culturales pero que somos empresas y que lo único que no podemos permitirnos es perder, desaparecer. De nuestro oficio depende que la gente lea a Olds, Rost o Hubbell y que ContraEscritura, Impedimenta o Contraseña estén en las mesas y sigan editando libros fantásticos.  ¿Nos va a ayudar el día de las librerías? No, no lo creo.


Y las clientas: compren libros en librerías. En la de su barrio, en la que hay al lado de su trabajo. Compren en todostuslibros.com y en uniliber.com: son de las librerías. Cuide a su librera, a su librería; pero no nos vea como algo cuqui que hay que acariciar dos días al año, no olvide que somos empresas y trabajadoras. Recuerde que las actividades, las presentaciones de libros, son actividades empresariales, compre libros cuando asista. Piense que ese cinco por ciento de descuento, que significa menos de cincuenta céntimos en un libro de bolsillo, puede ser un tercio de lo que la librería le gana a ese libro. Déjese aconsejar por su librera -busque antes una de confianza, es importante- y disfrute. Piense que detrás de cada consejo, detrás de cada selección para una mesa, hay horas de lectura y trabajo. No hay algoritmo ni día de las librerías comparable a tener una librera de confianza, a salir con una bolsa de libros recién comprada en su librería favorita. A su justo precio fijo y en un horario razonable. 



Javier Ruiz. siete[arroba]libreriapraga.com

Este artículo fue publicado en noviembre de 2018 en "La mirada común".

(Básicamente estoy de acuerdo con todo lo que escribí hace dos años. Añadiría que también estaría bien regular el precio fijo en el paso distribuidor - librería para eliminar esa competencia que también nos daña. Y prohibir el descuento permanente del 5%, otro fraude de ley).

La ilustración es de 2020 y desconozco su autoría.




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