miércoles, 22 de mayo de 2013

De vuelta


Manuel dice
que estás en la Luna.

Te imagino
con los pies colgando
inmenso columpio de luz.

Sofía pregunta
papá, ¿eso es verdad?

Me gustaría
contarles que nos estás mirando
aire amigo que abraza.

Amelia calla,
mira al suelo y abre la puerta.

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No he escrito ningún poema, si cabe llamar así a esto, hasta los cuarenta y cuatro años. Nunca. De eso os habéis librado. ¿Por qué ahora? Porque he leído “Se pierde la señal” de Joan Margarit y me ha impresionado. Porque la pelota, la tristeza, venía botando y si viene botando hay que tocarla. No quedaba otra.

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