miércoles, 16 de agosto de 2017

Un año en segunda: Fútbol, por fin.

Quizás empiece esta noche la temporada a las 20:45 o tal vez sea el domingo a las 22:00. Por lo pronto hoy hay una noche espléndida, la primera del año. Ojalá gane el Sevilla y luego el Madrid.

Soy del Madrid, muy del Madrid, y eso no significa más que eso. No creo que esta noche el clásico sea el partido más importante porque es más importante que un equipo andaluz —que además me encanta— saque un buen resultado y haya Copa de Europa en Andalucía este año. Tampoco creo que haya que hacer ninguna bobada contra el árbitro. El Madrid es un grande y, por desgracia, los árbitros en caso de duda pitan a favor de los grandes. Se equivocan y seguro que hay alguno que se vende y se compra pero en la Supercopa de España, no. No creo. En el Carranza, tampoco.

El domingo empieza el Granada, a las 22:00, contra el Albacete. No tengo ni idea de la Segunda División, sólo la he seguido el año que subió el Granada, no sé como se juega —lo intuyo— ni quienes son los rivales. Otro motivo para ser socio. Una temporada larguísima viendo jugadores humanos a los que el balón les bota y se les va, los pases se fallan y se corre mucho porque la técnica se suple con trabajo. Todo bien, a eso voy. A ver al Zaragoza, al Almería, al Osasuna y al Oviedo. Fútbol de periódico local y twitter. Fútbol de aficionado.

Fondo sur en los Cármenes, como el primer año cuando estuve en la grada metálica y hacía un frío insoportable y olía a marihuana todo el rato. Fondo sur, encima de los ultras que se supone que animarán; en todo lo alto, con la parada del metro en la puerta y las vías que espero que utilice el metro y no los coches para aparcar. Con la Sierra detrás y el marcador enfrente. Segunda temporada del club en manos de la empresa china. Club globalizado, entendido como empresa en la que dicen que los aficionados somos meros clientes pero en un negocio que se basa en que pertenecemos al club y el club nos pertenece. No se entiende, no entendáis, el fútbol como un espectáculo. Es otra cosa.

Los turcos le dicen al Sevilla que se dedique a su Europa League. Prestigio ganado a pulso que hace que Klopp le diga al infecto portugués que el Manchester ganó porque se enfrentó al Ajax y no al equipo andaluz. ¿Sobrevivirán a la marcha de Monchi y a la locura de pasta de los Emiratos y las TV inglesas? Seguro que sí, hay cosas que no están en venta y ellos tienen dos básicas: la mejor afición de España y un equipo de gente que lleva una década haciendo las cosas asombrosamente bien aunque cambien entrenadores, jugadores o presidentes.

El Madrid lleva dos Copas de Europa seguidas por primera vez desde Di Stéfano: euforia desatada. Si a eso le sumamos una prensa sumisa y aduladora con el oligarca que lo preside parece que la campaña va a ser un paseo militar. No lo creo. Por ahora hemos perdido plantilla con las bajas de James y Morata que, además, han reforzado rivales Champions. Ay, las semis.

Y los árbitros. Esto es todo lo que pienso decir sobre árbitros: nada. Y que suelen ser muy malos, por desgracia.

Ganará el Sevilla hoy, los “periodistas” de las cavernas dirán sus mierdas, Messi nos joderá parte o toda la noche y las directivas pensarán cómo destrozar a sus equipos. A partir del domingo el Granada ganará partidos y lo mismo voy en Metro a alguno. Empieza la temporada. Fútbol, por fin.

domingo, 4 de junio de 2017

12

Fui al Torcal por la mañana, que no lo conocía. Llegué a casa y jugaba el Madrid contra el Liverpool. Todavía no era mi equipo, todavía no habían llegado Martín Vázquez, Gordillo, Michel y el gran Molowny y luego Benhakker. Me hice del Madrid un poco después de tomar todas las decisiones estéticas importantes que uno puede tomar: Pavese, Hemingway, Nacha Pop y un poco de Leño. Y ser del Madrid era perder en Europa, hablar de unos tipos en blanco y negro que ganaron en tiempos del dictador. Luego, una, que pillaron unos canteranos con pinta de señores con bigote.

Y llegó el primer peor día de mi vida como aficionado, la derrota con el PSV. Estaba en COU y aquellos tíos eran ídolos para mí como no volverían a serlo ningunos futbolistas. El PSV, unos mediocres que jugaban a empatar y tenían un patrocinador que hacía secadoras o algo peor. Al año siguiente el Milán cerró aquel ciclo con extrema dureza, con un partido de los que acaba y al día siguiente miras losetas y te preguntas porqué te gusta el puto fútbol y piensas en dónde se ha jodido todo y en que la vida es una derrota permanente.

Al Torcal por la mañana, Ray Kennedy, no, no, Alan, el hermano. Otra derrota de un equipo español, lo normal.



Navas saca una mano imposible. La Juve es el mejor equipo tácticamente del año. En cuartos, que fueron las semifinales, lo demostraron contra Messi. Escribo oyendo a Nick Cave que ha sido mi banda sonora de este año. El Madrid, este equipo del Madrid, son Modric y Kroos. Dos genios tapados por un goleador que ha encontrado su sitio cuando ha perdido su punto álgido físico. Pero la Juve tenía juego y tenía un gol imposible en las botas de un ex-atlético que siempre jode más. No es normal ganar seis finales seguidas. Pero la presión la tienes cuando has ganado dos de ocho. Cuando recuerdas a Alan Kennedy y no fotos de rojiblancos cabizbajos. Cuando no crees que siempre habrá un cabezazo en el 93 si la cosa se pone jodida.

Llega el descanso y salen tarde. Valdano dice que tenían más cosas que hablar. Nick Cave canta, ahora, y un oligarca dice obviedades en una ventana sin volumen del ordenador. La bandera andaluza tiene la Copa de Europa. Kroos comenzó a jugar e Isco jugó un rato como él cree que juega siempre. Modric pensó que Iniesta y Xavi no ganaron el balón de oro pero ganaron Copas y Copas. La Juve es grande pero hay algo misterioso en los partidos, en los grandes partidos, en los que los jugadores reconocen la jerarquía de lo que tienen enfrente. Un rebote, suerte, un tacón mal puesto. Pero los bianconeros supieron que era el final. Nick Cave canta, el oligarca habla con una periodista amable con él y me duele el cuello, la costilla, la espalda de la alegría. Llegaron más y el partido me recordó a la final España-Italia, también 4-1. Un final de ciclo. Ojalá el TAS nos hubiera sancionado sin fichar. Ojalá sigan Zidane y Laso que tan bien ejemplifican lo que es el madridismo para los madridistas.


Acaba el partido y la alegría se mezcla con melancolía, con la cabeza que duele, con los años que han pasado. Canta Nick Cave y pienso que ganar está bien, mucho mejor que perder. Aunque a veces, la alegría puede doler. Pese a la costumbre.