martes, 15 de julio de 2014

Día 30. La felicidad.

Ver a un gran equipo es algo parecido a la felicidad: sabes que es efímera, que no dura, que se acaba, se rompe o la destruyen. España duró lo que duró y nos hizo felices, esta gran Alemania durará lo que la mezcla entre jóvenes y veteranos y lo que la apuesta por un estilo de juego que suma la técnica a su eterna capacidad de lucha y a su enorme fortaleza mental.

Salió Low con más delanteros y atacó menos y peor. Si vives del toque pon a los que tocan. Durante el partido me preguntaba porqué no jugaba Gotze, con él Müller estaría más libre y Ozil también. Sus mejores momentos de juego se han producido cuando han jugado los tres y han intercambiado posiciones. A Müller se le queda pequeña la banda, es un corsé absurdo que le impide infligir todo el daño que suele. Ozil, melancólico desde que se fue de Madrid, ha destacado más por su generosidad a la hora de defender que por su capacidad ofensiva, también sufre en la banda y luce cuando está libre. Gotze, en definitiva, no sólo marcó el gol sino que empujó a todos los demás a su espacio correcto y ahí se vió que Argentina tenía un plan pero no tenía equipo.

Hubiera sido un milagro, sólo Argentina es capaz de ganar un mundial sin un gran equipo. Tenían orden, un entrenador que yo desconocía, y que ha demostrado su valía, y su convicción de que son buenísimos. Si llegan a ganar habría que admitir que eran tan buenos como lo que ellos pensaban de sí mismos. Pero tuvieron dos o tres ocasiones y no entraron y al final ya no tenían las fuerzas necesarias para sostener la convicción y sólo entonces, admitieron que eran menos que los alemanes. Enorme mérito, superaron en todos los aspectos cada nivel de su juego. ¿Qué hubiera pasado si Messi hubiera estado sano y el Fideo no se hubiera roto? Quién sabe. Su enorme mundial no debe tapar lo mal que han hecho las cosas: no tienen ningún centrocampista realmente bueno desde Redondo. Lo de Mascherano forma parte de la épica, que no es poco, pero no del juego. Fueron tan profesionales y tan generosos que parecieron siempre mejores. Si Brasil habló y habló fuera del campo y fue ganando enemigos, los argentinos lo hicieron en el campo y sembraron de valentía y generosidad cada minuto del juego y fueron recogiendo adeptos rendidos ante su carácter.

¿Qué hacer cuando eres una leyenda y te insultan en el peor momento? Lo que hizo Messi. Coger el premio, no inmutarse y decir que no le importaba en absoluto. ¿Jugó bien Messi este mundial? Muy bien, todo lo bien que su maltrecho cuerpo lo dejó. Es evidente que tiene problemas de salud. ¿Podrá recuperarse? Esperemos que sí pero lo dudo. Ayer hizo un esfuerzo titánico en el primer tiempo y logró que Alemania entera temblase. No le llegó porque ya no le llega pero nunca debieron insultarlo dándole un premio que no mereció. Para cualquier otro hubiera sido una alegría, para él fue más tristeza.

Por la mañana estuve en un concierto oyendo el Oratorio y el Magnificat de Bach. Alemania. Probad a hacer una lista de músicos, filósofos, escritores o pintores alemanes. Sólo con los que os gusten. Por favor, cuando hablemos de talento y de máquinas en sentido peyorativo, tengamos cuidado de qué pueblo hablamos.

Se acaba el mundial y siento la tristeza de la felicidad desaprovechada, debería haber visto más partidos, con más atención, haber pensado, leído y escrito más sobre él. Acabó hace veinticuatro horas y parece que finalizó hace años: contaremos algún día que los alemanes le metieron siete a Brasil y que Holanda luego le zurró otros tres. Que Mascherano entró en el olimpo de los mitos y que Alemania jugó mejor que nadie y ganó con absoluta justicia. Acabó el mundial y ya lo echamos de menos. Ahora todos los que llevan un mes quejándose de que el mundial impedía la revolución, bajaba el índice de lectura, la calidad del café con leche y el alto nivel de nuestra televisión respirarán tranquilos. Ya pasó. Y nosotros ya lo echamos de menos. Qué poco dura a veces la felicidad.

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