domingo, 21 de septiembre de 2014

#‎10BookChallenge‬ (Lista B)

Me han vuelto a invitar a hacer la lista de los 10 libros y lo aprovecho, por supuesto. Ahí va la lista B.

Milleniun El peor café del mundo es el que se tomó Larsson el día del infarto. Nos faltan siete novelas por leer y ya no podremos.

El enamorado de la osa mayor de Piasecki.  Hay que ser contrabandista y leer este libro seis o siete veces.

El padrino. Lo leí al tirón. Todo es un asunto personal.

Billar a las nueve y media. Esta es la novela que yo quería escribir, puente incluido.

Se pierde la señal. Porque me enseñó a leer poesía.

Se busca una mujer. El borracho que mejor escribe, sobre todo cuando pierde la pose.

Memorias de un burro. Mi primer libro favorito, en la edición de Bruguera con la viñeta en la página de al lado. Todavia lo tengo, año 73 pone en la firma.

Ana Karenina, mira que te tengo dicho que al tren ni te acerques, pues cada vez que te leo, vas y te vuelves loca.

La peste. Uno de los mejores y más optimistas libros que he leído

Los cuentos de Hem. Busqué durante años la edición en la que decía que quería tener su herramienta destrozada por el uso, pues es en el prólogo de esta edición.

Joder, ¡El barón rampante! si se me olvida por segunda vez, dejo de hablarme.

domingo, 7 de septiembre de 2014

#‎10BookChallenge‬

Avisos:
No voy a corregir el texto, esta propuesta si me la tomo en serio, con lo friki que soy, puede tenerme loco durante meses. Es decir, me encanta hacerlo, pero va a ser la lista de mis diez libros preferidos durante el rato que tarde en escribirlo.
He repetido miles de veces la frase de Kundera que decía, más o menos, “la novela es mi patria”. Esto quiere decir, por lo que conlleva de curioso sentimiento nacionalista, que no voy a ser nada profesional y voy a decir, dentro de lo que cabe, la verdad.
1. Guerra y paz de Tolstoi. Es la madre y el padre de todas las novelas. La mejor obra que he leído y el gran libro de mi madurez. La adoro. Es perfecta hasta en sus excesos. Ya, ya sé que Ana Karenina está mejor escrita pero no es tanto libro, no hay ese talento excesivo, esa cantidad apabullante de vida. El único problema de este libro es cuándo volver a leerlo. ¿Una vez cada cinco años? ¿Cada diez? (Imprescindible leerlo en la traducción de Mario Muchnick o, supongo, en ruso).
2. La dama de las camelias de Dumas hijo. Mi libro de los quince años. Una novela da amor y un libro contra la intolerancia, así, al menos, lo leía yo hace treinta años.
3. La casa de la colina de Cesare Pavese. Lo leí porque se confundió alguien o porque me confundí yo al comprarlo con trece o catorce años. Y claro, la literatura se convirtió en otra cosa.
4. Por quién doblan las campanas de Hemingway. El estilo, la pose y el talento. Quiero a los libros por sus virtudes, por sus aciertos y Hem tiene tantos que es imprescindible. Sería no sólo otro lector, sino otra persona sino lo hubiera leído. (Podrían ser los cuentos o Fiesta pero hoy me quedo con esta).
5. Los mares del sur de Vázquez Montalbán. Una noche complicada vi a un señor con bigote en Almuñecar. Era don Manuel. Seguro.
6. Rojo y negro. Guerra y paz sólo hay una pero esta… La leí mal, durante meses mientras estudiaba hace un par de años, da igual como la leas, es sencillamente impresionante.
6. Los Diálogos de Platón. Mi libro de la facultad. Aprender a pensar y aprender a distinguir lo bueno y lo bello. Y cosas así.
7. La insoportable levedad del ser de Kundera. Durante años llevé un ejemplar en el coche y leía trozos cuando tenía que esperar. No sé si ahora me gustaría tanto como hace diez o veinte años.
8. Hermosos y malditos de Scott Fitzgerald. Nadie ha contado mejor los desastres que SF. Y los cuentos que escribió para Vogue y Cosmopolitan.
9. Espera a la primavera Bandini de Fante y Las bestiales bienaventuranzas de Balthazar B de Donleavy. Porque son una bandera y porque de ahí vengo.
10. El árbol de la ciencia de Baroja. Era obligatorio en COU e hice trampa para el trabajo. Luego lo leí cinco o seis veces. También valdría alguna de Galdós.

martes, 15 de julio de 2014

Día 30. La felicidad.

Ver a un gran equipo es algo parecido a la felicidad: sabes que es efímera, que no dura, que se acaba, se rompe o la destruyen. España duró lo que duró y nos hizo felices, esta gran Alemania durará lo que la mezcla entre jóvenes y veteranos y lo que la apuesta por un estilo de juego que suma la técnica a su eterna capacidad de lucha y a su enorme fortaleza mental.

Salió Low con más delanteros y atacó menos y peor. Si vives del toque pon a los que tocan. Durante el partido me preguntaba porqué no jugaba Gotze, con él Müller estaría más libre y Ozil también. Sus mejores momentos de juego se han producido cuando han jugado los tres y han intercambiado posiciones. A Müller se le queda pequeña la banda, es un corsé absurdo que le impide infligir todo el daño que suele. Ozil, melancólico desde que se fue de Madrid, ha destacado más por su generosidad a la hora de defender que por su capacidad ofensiva, también sufre en la banda y luce cuando está libre. Gotze, en definitiva, no sólo marcó el gol sino que empujó a todos los demás a su espacio correcto y ahí se vió que Argentina tenía un plan pero no tenía equipo.

Hubiera sido un milagro, sólo Argentina es capaz de ganar un mundial sin un gran equipo. Tenían orden, un entrenador que yo desconocía, y que ha demostrado su valía, y su convicción de que son buenísimos. Si llegan a ganar habría que admitir que eran tan buenos como lo que ellos pensaban de sí mismos. Pero tuvieron dos o tres ocasiones y no entraron y al final ya no tenían las fuerzas necesarias para sostener la convicción y sólo entonces, admitieron que eran menos que los alemanes. Enorme mérito, superaron en todos los aspectos cada nivel de su juego. ¿Qué hubiera pasado si Messi hubiera estado sano y el Fideo no se hubiera roto? Quién sabe. Su enorme mundial no debe tapar lo mal que han hecho las cosas: no tienen ningún centrocampista realmente bueno desde Redondo. Lo de Mascherano forma parte de la épica, que no es poco, pero no del juego. Fueron tan profesionales y tan generosos que parecieron siempre mejores. Si Brasil habló y habló fuera del campo y fue ganando enemigos, los argentinos lo hicieron en el campo y sembraron de valentía y generosidad cada minuto del juego y fueron recogiendo adeptos rendidos ante su carácter.

¿Qué hacer cuando eres una leyenda y te insultan en el peor momento? Lo que hizo Messi. Coger el premio, no inmutarse y decir que no le importaba en absoluto. ¿Jugó bien Messi este mundial? Muy bien, todo lo bien que su maltrecho cuerpo lo dejó. Es evidente que tiene problemas de salud. ¿Podrá recuperarse? Esperemos que sí pero lo dudo. Ayer hizo un esfuerzo titánico en el primer tiempo y logró que Alemania entera temblase. No le llegó porque ya no le llega pero nunca debieron insultarlo dándole un premio que no mereció. Para cualquier otro hubiera sido una alegría, para él fue más tristeza.

Por la mañana estuve en un concierto oyendo el Oratorio y el Magnificat de Bach. Alemania. Probad a hacer una lista de músicos, filósofos, escritores o pintores alemanes. Sólo con los que os gusten. Por favor, cuando hablemos de talento y de máquinas en sentido peyorativo, tengamos cuidado de qué pueblo hablamos.

Se acaba el mundial y siento la tristeza de la felicidad desaprovechada, debería haber visto más partidos, con más atención, haber pensado, leído y escrito más sobre él. Acabó hace veinticuatro horas y parece que finalizó hace años: contaremos algún día que los alemanes le metieron siete a Brasil y que Holanda luego le zurró otros tres. Que Mascherano entró en el olimpo de los mitos y que Alemania jugó mejor que nadie y ganó con absoluta justicia. Acabó el mundial y ya lo echamos de menos. Ahora todos los que llevan un mes quejándose de que el mundial impedía la revolución, bajaba el índice de lectura, la calidad del café con leche y el alto nivel de nuestra televisión respirarán tranquilos. Ya pasó. Y nosotros ya lo echamos de menos. Qué poco dura a veces la felicidad.

jueves, 10 de julio de 2014

Día 27. La derrota.

La peor derrota de toda la historia de todo el fútbol de todos los países de todo el mundo. Siete a uno en tu casa, en tu mundial, por el que has desplazado ciudadanos, apaleado manifestantes y renunciado a tu estilo de juego. Todo forma parte de la misma basura ideológica: el hombre es un lobo para el hombre, lo importante es ganar y son pobres porque no quieren trabajar. Ordenad esas frases como queráis.

Me recordaba un amigo el 2-6 del Madrid de Juande. No, no es comparable, cuchilladas de esas ha habido y habrá siempre; son heridas entre hermanos mal avenidos e imprescindibles. La peor derrota que recuerdo del Madrid fue en las semifinales de Copa de Europa en las que el infame portugués salió a defenderse en el Bernabeu. El Barça nos puede ganar y nos puede golear, ya nos vengaremos más pronto que tarde; pero nunca, nunca, puede lograr que no pensemos en ganar, el Madrid puede ser goleado siempre y cuando intente luchar y ganar hasta el último minuto. Algo así ha hecho otro impresentable con el honor brasileño. El país de Garrincha, Rivaldo, Jairzinho, Sócrates, Zico y todos esos dioses no se puede presentar en su mundial para ganarlo por penaltis o ayudas arbitrales. Repasas la alineación brasileña y sólo dos jugadores cabrían entre los cincuenta mejores de su historia, tal vez en el tercer equipo. Alemania recogió el testigo del juego de la España de 2010, de Holanda en el 74, de Francia y Brasil en el 82, de Hungria en el 56. Muchos de esos equipos no ganaron, (gana sólo uno cada cuatro años, recordémoslo), pero a todos se les recuerda con admiración. En un deporte que es tan importante para tanta gente porque permite tantas lecturas de todo tipo no debería de descartarse buscar la victoria a través de la gloria. Pero claro, lo importante es ganar y toda esa bazofia y luego te meten siete.

Kroos ha hecho un mundial fantástico, uno de los mejores del mejor equipo, Di María, también, el mejor de un equipo con terribles carencias. Uno llega como el gran fichaje que es y el otro se irá, esperemos que no, sin que nos expliquen qué motivo futbolístico puede haber para desprenderse de una estrella de ese calibre. ¿No sale bien en las fotos?

Van Gaal cometió una genialidad es en cuartos. Sacó a un especialista con el que previamente había preparado la escena para los penaltis. Un tipo de dos metros con cara de que acababan de insultar a su madre y que sabía que habían sido los jugadores costarricenses. Reinó el desconcierto, los ticos miraban a un lado y a otro y perdieron el partido mientras pensaban qué hacía y porqué el iracundo entrenador rival. En cambio, contra Argentina, (y sin saber si había otros motivos que lo justificaran), tomó otra decisión igual de arriesgada pero que resultó suicida: eligió para el primer penalti al central de Aston Villa, que había jugado un buen partido sí, pero si con 29 años eres central del Aston Villa nadie debe dejarte tirar un primer penalti de unas semifinales del mundial. Y luego lanzó Messi.

Messi puede ganar el mundial que lo llevará al cielo de los cuatro grandes cuando ya parece un exjugador o al menos, es sólo una sombra de la estrella que fue. (O está enfermo o lesionado y no lo han contado: ojalá sea un problema concreto y recuperable y volvamos a verlo, a sufrirlo, en todo su esplendor) Messi antes arrancaba y los defensas se desplomaban a su paso, ahora lo intenta y choca, le rebota el balón, tropieza… algo se perdió, esa centésima de segundo que hace que pongas el pie antes, que arranques antes, que llegues antes, esa centésima ya no está. Puede seguir siendo una súper estrella hasta dentro de diez o quince años, hasta que se aburra de jugar,  porque conoce el juego como nadie y puede jugar sin moverse de una loseta y quebrará a uno y a otro y enviará balones a la red con la obscena facilidad de siempre. Pero ya no arranca en largo porque sabe que no puede, ya no es capaz de ganar Champions contra las mejores defensas del mundo, contra una defensa como la que se va a encontrar el domingo a las nueve de la noche. El mejor equipo del mundo contra el mejor jugador del mundo.

Se está acabando y me queda la sensación de no haberlo disfrutado lo suficiente, no haber visto más partidos con más atención. Ayer vi que en la revista Líbero habían puesto un calculador de cuántos mundiales te quedaban de vida. No quise saberlo.

sábado, 28 de junio de 2014

Día 16. Nostalgia

La jugada más bella del mundial la hizo un jugador que ya se fue y que no tocó el balón. A Pirlo le llegó un balón de frente y cuando parecía que iba a disparar, saltó y lo dejó pasar para que Marchisio lo parara con la suela y marcara gol.

El propio Marchisio hundiría a su equipo al entrar atolondradamente al mediocentro uruguayo y darle al árbitro la oportunidad de expulsarlo. En ese mismo partido vimos como la forma de entender el fútbol y el mundo uruguayas, esas que habían servido para darle una lección a Inglaterra y para dejar a Italia con diez, lo llevaban al suicidio al cometer Luis Suárez una infamia. Uruguay sabe todo lo que nunca sabrá Inglaterra sobre el juego. El partido entre ellos fue un partido entre la madurez y la adolescencia. El exceso de conocimiento te puede destrozar: morder a un contrario en un estadio con decenas de cámaras, es sobre todo un acto de soberbia. Sr. Suárez, ¿de verdad creía que no le iban a cazar?

En ese partido se volvió a ver lo absurdo que resulta que el cuarto árbitro no tenga una televisión. Todo el planeta ve y sabe qué ha ocurrido realmente salvo los árbitros del partido, no hay que rearbitrar cada jugada, lo que pararía el ritmo de juego, pero sí las expulsiones y las jugadas de gol. Es tan obvio que que no lo hagan solo es explicable recurriendo a confabulaciones cósmicas.

Lo más interesante del mundial es ver cómo sigue habiendo grandes diferencias en la forma de entender el juego, cómo los tópicos sobre los países se hacen realidad y cada uno juega como es. Sí, hay pautas comunes transversales, hay muchos que juegan como centrocampistas del Chelsea, pero sigue habiendo una idea ligada a la cultura, al clima, que se ve en cada selección. La otra es la intensidad: los impresionantes últimos cinco minutos del partido de Grecia sólo son posibles en un mundial. Admiro a Samaras y lo sigo en los partidos de Champions, siempre espero que haga algo diferente, lo cual no suele ocurrir; cuando cogió el balón para tirar el penalti creí que lo fallaba, llevaba ese aire de tragedia de los que han perdido la fe. Lo tiró bien, no siendo lo que sentía, alejado de su sentimiento y con ese aire elegante e intelectual que me ha hecho ver partidos, ¡dios!, del Celtic.

Inglaterra fracasó de nuevo, como era de esperar. Ni siquiera con Gerrard en el mediocentro, aportando conocimiento y toque, han podido ganar un partido. Cuando Makelele salió del Madrid, Raúl entendió que su honradez le obligaba a desgastarse en defensa para cubrir la nefasta planificación deportiva. No logró cubrir el hueco que dejó Makelele y perdió capacidad de remate porque llegaba cansado a muchas ocasiones. Hay veces que la honradez te puede llevar al fracaso. Gerrard siempre me ha parecido un gran jugador disperso. Tal vez si se hubiera quedado de medio centro distribuidor hubiera sido una figura de leyenda. Pero en el fútbol moderno el talento tiene que estar siempre más adelantado de lo que la razón dicta, el fútbol de resúmenes de tres minutos quiere a los jugadores cerca del área, por eso Florentino, salvo a Xabi que hace anuncios, desprecia a los mediocentros y al juego.

Me he dado cuenta de lo mayor que soy porque todas las camisetas del mundial me han parecido horribles salvo la de Irán y porque tenía ganas, pocas eso sí, de que acabara la fase de grupos. La vida, esa absurda invitada al mundial, no me dejaba tiempo para ver y disfrutar cada instante como se merece la Gran Fiesta del Fútbol. Hoy empiezan los cruces y ya siento nostalgia de los partidos de grupos.

En el partido contra Chile las cámaras enfocaron a una chica española, morena, con la cara fina, el pelo en una cola y unos 25 o 30 años. España ya iba perdiendo y ella bajó la vista y siguió contemplando el hundimiento sin ningún gesto. Fue la cara de la dignidad del aficionado, del ciudadano. Mientras a la mayoría de los aficionados los enfocan y se alegran como estúpidos independientemente de lo que le suceda a su equipo, ella se mantuvo en lo importante: su pasión por el juego y su tristeza por la derrota. Todavía hay esperanza.

jueves, 19 de junio de 2014

Día 7. El final que no supimos ver



Se acabó, un día contaremos que durante cuatro años lo ganamos todo: dos eurocopas y un mundial. Que había un grupo de jugadores que tocaban y tocaban y de repente iban ganando y acababan los partidos en el área rival. Que acabaron con el gafe de cuartos, con las dudas de si los buenos corrían o no, con la supuesta furia que ocultaba las carencias técnicas. Tuvimos al mejor equipo del mundo y uno de los mejores de la historia, comparable a la Hungría del 54, el Brasil de Garrincha o la Holanda de Cruyff y el Ajax.

El 10 de junio de 2008 España golea 4-1 a Rusia, nadie, yo menos, confiaba ni en aquel equipo ni en Luis Aragonés, luego llegó el penalti de Cesc, cuando era capitán del Arsenal, contra Italia,
aquella semifinal que parecía imposible ganarle a Arshavin, el gol de Torres y el toque contra Alemania.

Y luego la derrota contra Suiza dos años después, los nervios contra Chile, el miedo a caer en cuartos contra Paraguay, el gol de Puyol y Xavi contra Alemania, Iniesta y el éxtasis contra Holanda.

Y la eurocopa que vi entre lágrimas hace dos años y en la que el dolor apenas me dejaba disfrutar: los cuartos que ya no eran un drama, los penaltis de Portugal y la última clase magistral de Xavi en la goleada contra Italia. El partido que realmente fue el final de una obra y no lo supimos ver: 1 de julio de 2012.

¿Qué ha sucedido? Que un tiempo acabó y no lo vimos, que muchos de los grandísimos jugadores que formaban el núcleo del equipo están en el final de su carrera: Xavi que era el ideólogo, Iker, el capitán, Puyol el amigo de todos y un líder, Xabi que manejaba los tiempos, Villa que era un goleador mítico y el gran jugador con la carrera menos valorada que yo he visto. La columna central se la llevó el tiempo y Del Bosque, que quizá tampoco sea el mismo, no lo supo ver. Yo tampoco, ni los medios, ni la mayoría de los aficionados. Ayer decía en twitter que lo normal es la derrota, lo normal es que las victorias sean excepcionales y las derrotas continuas. Cuando pase el tiempo y rara vez ganemos veremos lo que este equipo nos ha dado.

Decía Camus que había aprendido de ética jugando al fútbol. Puedes ser un ceporro delante de la Academia de Rafael y puedes ser inteligente y sensible viendo un partido. (Un amigo me contó la otra noche que había leído “La montaña mágica” viendo partidos de segunda, tampoco es necesario eso). Es la mirada la que define lo que ves: pensaba que Camus, Galeano, Hornby o Vázquez Montalbán lo habían dejado suficientemente claro y no. En este país que sólo ofrece como solución razonable la emigración, la huida, hay que justificar obviedades en cada conversación. Hay que ser burro para despistarse de hacer la revolución, o un cocido, porque haya un mundial. Podríamos aprovechar la eliminación, o la coronación esa de la que tanto se habla, para hacer un barbecho de tonterías: el que pueda que piense antes de hablar o escribir.

sábado, 14 de junio de 2014

Día 2. La belleza.

Y de repente, el barco se hundió. Se hundió solo como se hunden los grandes equipos que son conscientes de que ya no tienen las fuerzas y las ganas que otras veces tuvieron. Un espectacular pase cruzado y un remate fantástico y todo derrumbado. Meteros en twitter y leed a los sabios que tienen todas las respuestas, habrá también en facebook, yo no las tengo.

Empezó el partido y pensé que me gustaba la alineación salvo los laterales. Costa no tiene el nivel del mejor Villa pero es un gran delantero. Silva venía de hacer una muy buena campaña, debería de ser este su mundial, con confianza podría ser el Chacho de este equipo. Y todo fue así durante un rato: Xavi brillando más adelantado donde no se notan sus carencias físicas y Costa que juega a otra cosa aportando en lo que es bueno. Llegó el penalti y luego Silva falló una oportunidad por ser demasiado bueno, le pasa a menudo a Benzema, y marcaron ellos y las caras de los españoles eran de jugadores que van perdiendo y no pueden remontar. Sí, Holanda es un buen equipo con tres estrellas arriba y Van Gaal un grandísimo entrenador pero eso no explica la hecatombe. España ya estaba goleada cuando recibió el empate, el resto fue un hundimiento como tantas otras veces hemos visto los aficionados, un guión que se transforma en pesadilla cuando quieres al equipo víctima y que es una alegría que recuerdas durante años cuando vas con el verdugo.

Hace meses Montserrat Caballé tuvo un accidente doméstico y las redes se llenaron de mediocres haciendo bromas, insultando y cachondeándose de la diva. Mediocres normales, no eran asesinos en serie ni políticos corruptos ni violadores de niños, eran la gente normal vengándose de una señora que había creado tanto belleza en su vida que sólo les provocaba odio. Imbéciles y cínicos que se mofarían de una madre coja arrastrando un niño enfermo por un retuit.

¿Cuándo los mejores dejan de ser los mejores? ¿Cuándo ya no dan las fuerzas para llegar en el instante preciso? ¿Cómo prescindes de los mitos para poner a los nuevos que probablemente nunca alcancen ese nivel? No lo sé. Ahora nos queda despedir con respeto y dignidad a una generación, entrenador incluido, que nos ha hecho felices durante seis años. La felicidad chiquitita del fútbol en unos años en los que no hubo muchas más alegrías.

Camerún y México jugaron como los clichés que se han ido formando ellos mismos. Nada que recordara a los grandes jugadores africanos en Camerún, ningún Kanú, ningún Okocha. Tipos altos y fuertes preparados para correr y correr. Aburridos como un mediocentro del Chelsea. México y los mexicanos siempre creen que son buenísimos, como los ingleses, pero nadie piensa como ellos. Ganaron el oro olímpico y ayer jugaron sorprendentemente bien. Muy bien Gio, del que muchos esperamos que rompa a estrella pero nunca acaba de hacerlo, un Peter Pan del balón. Pudieron empatar al final porque pensaban que habían sido tan buenos que habían ganado el partido y el árbitro no había pitado.

Chile es el equipo que todos los entendidos, (y entiéndase entendido no sólo peyorativamente), dicen que va a ser la revelación del torneo. Jugaron doce minutos a gran nivel, marcaron dos goles y dejaron de jugar. Los comentarista de Gol Televisión, (tipos sorprendentes, saben de fútbol y hablan de fútbol), decían que los australianos son sobre todo competidores y vaya si lo demostraron. Un delantero semi samoano comenzó a rematar todo lo que sobrevolaba el área chilena y el partido, hasta que me venció el sueño, fue muy divertido.

Os dejo con la belleza. Ganas tengo de irme a vivir a las montañas.

http://youtu.be/CDL-8IIVFkI

viernes, 13 de junio de 2014

Día 1. Neoliberalismo

Tenía que empezar así, sin complejos que diría algún padre maltratador de la patria. El fútbol siempre es una metáfora y qué mejor metáfora para describir el tiempo de mierda que nos ha tocado vivir que un partido como el de hoy. Protestas en las calles: ni en Brasil soportan ya la estupidez que supone gastar miles de millones en una fiesta para que en los palcos los dirigentes que nos destrozan las vidas y empobrecen nuestros países parezcan campechanos. Hace nada estuvo a punto de tocarnos en desgracia una olimpiada. ¿Os imagináis a nuestra casta celebrando unos JJOO? ¿Nuestros queridos constructores haciendo a su antojo infraestructuras? Los brasileños tienen peor suerte, les ha tocado organizar dos eventos seguidos. Pobres.

Brasil juega como el Madrid de Mou o como cualquier equipo de Caparrós. (Lo cual no está mal si eres el Granada, pero sí si eres Brasil). Pone a dos buenos, de los que parece sospechar, Oscar y Neymar, y nueve que corren mucho y sincronizadamente. Serían felices si pudieran hacer coreografías, Felipao entraría en extasis. Oscar entiende mejor el juego, Neymar es el típico jugador moderno, (como Cristiano o Bale), que queda estupendo en los resúmenes del telediario, su aportación es decisiva pero tiene que ver más con los goles que con el juego. Marcelo no acaba de lograr ese nivel fantástico que tiene a veces y Alves parece que ya no es. (Salvo para hacer faltas importantes y que no las piten, hoy tiró al delantero croata cuando se iba sólo, nada).

Croacia aprovechó un error y luego se defendió sin problemas. Hasta que apareció la Fifa. No me gusta hablar de árbitros, siempre hago como si no existieran, es pura salud mental. Pero claro, si esperas que llueva porque hay nubes negras y acaba lloviendo… A pesar del penalti, Croacia se rehizo, (vaya par de mediocentros tiene), y tuvo el empate un par de veces. No pudo ser. La crisis se ha acabado, los Mundiales generan riqueza y los árbitros se equivocan a favor de quien conviene siempre por pura casualidad. Neoliberalismo en estado puro.

Los aficionados somos tan buena gente que sólo queremos que nos dejen creer. Que no ensucien el juego que recordamos de patios, campos y recreos, que no destrocen la verosimilitud de la historia. De mayor, realmente, quiero seguir siendo ingenuo.

jueves, 27 de febrero de 2014

Dolores Redondo - El guardián invisible.

El guardián invisible es una gran novela, te atrapa desde el principio y te lleva corriendo y saltando entre las dos tramas en las que fluye y no te da tiempo a respirar… sólo a pasar miedo. Recuerdo una noche en un bosque de Galicia. Todavía fumaba. Encendí la pipa y fui a salir y dar un paseo y… me quedé en el tranco de la puerta de la casa. Había algo oscuro que daba miedo en aquellos árboles.

Dos tramas: unos asesinatos y la vida familiar de la protagonista. La investigación propia de una novela negra y el microscopio fijo en el análisis de una familia navarra con todos los problemas necesarios para convertirla en una familia interesante y real. Ahí, quizás, sea donde logra los mayores aciertos DR: el análisis de los roles, el acercamiento al abismo de la locura, el dolor infantil contado de tal manera que duele de nuevo al leerlo.

DR mezcla con éxito sucesos esotéricos en la investigación. Y resulta, sorprendentemente, creíble. Tal vez con la lógica con que nos creíamos las aventuras de la Patrulla-X pero lo lees y te lo crees. Y para los que no conocíamos la mitología vasca el paseo por sus personajes es fascinante.

Novela negra y de la buena, pero como en muchas de las que estoy leyendo ultimamente, (Guelbenzu, p. ej.), la crisis no existe. Supongo que la realidad en Navarra no es la misma que en Granada, (por suerte para ellos), pero no esperéis ver un parado, un despido, una bajada de sueldos… nada. La novela se desarrolla en un limbo temporal, bien podría suceder cinco años antes o cinco años después. No se habla en ningún sentido de las condiciones socio-económicas de los personajes. Clase media-alta acomodada, qué vulgaridad el dinero.

Al recomendarla ayer pensé que era muy americana. Una Sue Grafton con más gracia e interés. Una literatura muy profesional, muy bien escrita y con un manejo del ritmo y la historia espectaculares. También, hoy, pensando en eso que había dicho, eché en falta que fuera un poco europea, que contara una foto viva en la que es imposible que no esté la crisis. Pero se me pasó cuando comprobé que en la librería de mi pueblo tenían la segunda parte. Voy a dejar de escribir ahora mismo y voy a empezar “Legado en los huesos”.

miércoles, 12 de febrero de 2014

Sueño de orquesta

Había brotado, en medio del huerto, un imponente piano de cola. Lo miré impasible, me di la vuelta y entré de nuevo en la casa a través de la puerta de la cocina. En la hornilla había una sartén con forma de violín y en el baño, la bañera era un violonchelo, continué impertérrito y vi la televisión como un arpa, por la ventana se veían flautas picando en la hierba que se asustaron y levantaron el vuelo.Sabía que era un sueño y que no podría despertar, que estaba en un avión, que volvía con el resto de la orquesta, las primeras turbulencias, el humo, los gritos…

miércoles, 29 de enero de 2014

Pan, educación, libertad. - Petros Markaris

Márkaris empieza la novela con una hipótesis fallida: ni Grecia, ni España, ni Italia han salido el pasado 1 de enero del euro. Todo lo demás: los recortes, la pobreza y la desesperanza son iguales que si la salida se hubiera producido, pero empezar una novela basándose en un hecho histórico ya falso le duele al propio relato, sobre todo en la primera parte que se centra más en esa idea.



No sé porqué esperaba otra novela al final de la trilogía de la ruina: esperaba que abordara la legitimación de la violencia en la lucha contra los que están destruyendo nuestros países y no lo hace. En cambio, mira a la generación de la Politécnica, la generación que en Grecia luchó contra la dictadura e inmediatamente se convirtió, como acertadamente viene dicho en la propia novela, en el califa en lugar del califa. ¿Os suena? Pensemos en los que tenían entre 25 y 40 años en los años 78-80 en España. Os dejo que hagáis las listas. Ah, la zorra de la transición.


Pero todo tiene su lógica, Márkaris no ha ido a buscar soluciones pequeñitas, (esa carretera mal hecha, que sí estaba mal hecha; ese sobre que también estaba en negro), como algún reconocido autor español que se crió en la transición, (24 años tenía AMM en el 80), Márkaris empezó por la causa exterior en “Con el agua al cuello”, siguió con el problema fiscal en “Liquidación final” y acaba con la ruina moral del propio país en esta novela: los malos son buenos y los muertos son malos. La  policía siente miedo ante la extrema derecha, (aquí sí que es distinta la situación a España, ¿o no?).


Todo tan aplicable a nosotros. Tan griego, tan español.

miércoles, 8 de enero de 2014

Donna Leon. El huevo de oro.

¿Por qué leo las novelas de Donna Leon? Son previsibles, fáciles, lineales y dulzonas. Brunetti es tan empalagoso que algún día nos vamos a quedar pegados a él, a una página suya, y van a tener que operarnos para despegarnos del almibarado personaje. 

Bah, tonterías, leo las novelas de la señora Leon porque siempre acabo encontrándome en casa. En ese extraño espacio de confort que te dan tus personajes literarios favoritos o tus series de superhéroes preferidas. Lo reconozco: también soy fan de Lobezno. (¿Qué será de él? Hace dos o tres años que no lo sigo. Hummm.)

Novela del 2013 de Brunetti y una de las mejores de los últimos años. Un muerto accidental y una investigación policial que realmente no existe: no hay delito, al menos no hay delito denunciado o posibilidad de montar un caso para llevar a juicio. Maldad cotidiana, de andar  por casa, de esa que jode vidas cercanas por estupidez o incultura. Maldad consentida por la sociedad en cuanto no es denunciada ni corregida hasta que no se transforma en tragedia. Mrs Leon es muy americana en este aspecto: ninguna valoración de porqué precisamente una chica que trabaja de criada/amante tiene luego ese tipo de comportamientos. Literariamente, tal vez lo más destacable de la obra sea como se narra cada pequeño detalle psicológico, como se pretende diseccionar cada gesto, cada palabra para entender el trasfondo psicológico de los personajes. Bajo un suave manto de palabras pequeñas, de acciones sin importancia, cotidianas, está la crueldad humana en sus peores niveles. El relato recuerda a Henry James lo cual ya es un halago tremendo, no logra lo que el Maestro pero al menos, no es poco, lo intenta.

Algo curioso: no hay crisis en Venecia. No hay despidos, no hay problemas con la sanidad pública, a Brunetti no le bajan el sueldo. En Venecia hay palacios y góndolas. No digo yo que todas las novelas tengan que ser armas ideológicas como las de Markaris pero, ¿es posible hablar de Italia, del Sur de Europa, en 2013 sin mencionar la palabra crisis? Sí, hay continuas referencias al mal funcionamiento del estado italiano y a la desconfianza en la policía y la mafia y corrupción. Pero no hay crisis. No existe el BCE, ni Alemania, ni la población está sufriendo ningún recorte. ¿Se puede escribir novela negra sobre un decorado?