domingo, 22 de mayo de 2011

Yet Another Text About #15M / #22M

Ilusión. He pasado de no ver ningún telediario en dos años a tragarme hoy uno enterito en el que han puesto imágenes de como votaban todos los políticos del mundo. La política ha llegado a las calles y a las gentes, entras en facebook y no existe otro tema, en twitter casi no se habla de fútbol. Todo el mundo, casi todo el mundo, sabe que algo está cambiando. La sensación de podredumbre, de desastre, ha desaparecido y parece que hay esperanza, es posible que las cosas cambien y no sólo empeoren.

Respeto. Hay elecciones hoy. No suelo votar y hoy sí he votado. Tal vez en este momento sea más importante que nunca la deportividad y el respeto. Gane quien gane hay que aceptar los resultados. Totalmente, gusten poco o nada. Todos tienen su razón y hay que conquistar razones y votos desde el convencimiento y la tolerancia. Esta democracia no es perfecta pero se vota con notable libertad y eso es sagrado. Esperemos que en los hoteles, los salones y las plazas se esté a la altura.

Todos. Ha protestado una gran parte de la sociedad, una parte enorme está de acuerdo con los principios básicos de las protestas: más democracia y mejor reparto de la riqueza. El #15M es una protesta política y apartidista, hay gente de todos los partidos y de todas las condiciones aunque en las calles haya más jóvenes. Esas dos peticiones son las básicas de la izquierda históricamente pero ahora las ha asumido como propias una gran parte del país ante la certeza de la llegada de una nueva edad media en la que unos pocos señores quieren que perdamos siglos de avances políticos y sociales.

Políticos. Hemos pensado que los políticos eran unos corruptos y unos sinverguenzas. Los hemos sufrido, insultado, denigrado y votado. Hay que echar a los ladrones del templo porque seguimos necesitando partidos y políticos. Ojalá de este movimiento salga una mayor participación en estos o en otros partidos. Ojalá salgan reformas que promuevan la participación y castiguen a los corruptos. No dejemos que en los partidos políticos sólo haya profesionales que nos piden el voto cada cuatro años. Hace falta que en cada ciudad, en cada institución haya una representación de lo mejor de cada casa. Ser el alcalde de una ciudad como Granada debería de ser un gran honor por el que compitieran candidatos con un enorme prestigio moral e intelectual.

Militantes. Estoy convencido de que una gran parte de los militantes de los dos grandes partidos, de los tres si incluimos a IU, son gente honrada y preocupada por el bien común que busca lo mejor para la sociedad. Ellos deben de ser los primeros en cambiar: exigiendo primarias y listas abiertas, echando de las listas y de los partidos a los corruptos, exigiendo que se cumplan los programas que ellos mismos aprueban. En resumen, teniendo limpita su propia casa antes de pedir cuentas fuera.

Mañana. ¿Servirá de algo todo esto? Sí. Seguro. Puede que no cambien muchas leyes, que ganen unos u otros o los mismos. Pero ahora saben que la paciencia de la gente no es infinita. No se puede concentrar la riqueza en unas sólas manos e intentar que un mundo de esclavos pobres vivan al lado y no protesten. Necesitamos nuevos políticos y nuevas formas de hacer política. Los partidos deberían de darse cuenta de que sus clientes, sus jefes, queremos otra cosa. No puede ser que haya unas protestas la semana previa a las elecciones y nadie sepa a quien votar. No puede ser que no tengamos ningún partido que apoye de forma clara algo tan simple como una reforma del sistema electoral, un control del sistema bancario y unas cuantas demandas más que deberían de ser principios básicos de cualquier civilización.


Ciudadanos. No basta con la crítica. Hace falta que nos demos cuenta de que nos hemos equivocado, hemos dejado que nos impongan, y hemos aceptado sin pestañear, un sistema falso y mentiroso que nos está destruyendo. Hay que ser conscientes y críticos sobre todo con nuestras propias actuaciones. Tenemos que exigirnos el mismo comportamiento ético que le exigimos a nuestros políticos. Somos ciudadanos de pleno derecho todo el tiempo, no sólo en las elecciones y en las manifestaciones. Hay leyes, redes sociales, medios de comunicación y elecciones a nuestro servicio, usémoslas.

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