jueves, 10 de abril de 2008

La fiesta de los Trastos.

La fiesta de los Trastos.


El Buzón bajaba por el sendero dando pequeños saltitos. Miraba hacia abajo y veía su chapa azul recién pintada. A su lado, su mujer, la Chimenea Rosa. Iban de la mano canturreando como adolescentes. Siempre les había gustado ir a la feria. Verían a todos sus amigos, beberían vino, oirían música y le enseñarían a los demás trastos sus pinturas recién estrenadas. La Chimenea llevaba un buen tiempo de vacaciones puesto que era verano, pero él estaba muy estresado, había habido elecciones en el mundo de los hombres y ¡cada día votaban más por correo!

Pronto vieron al Sr. Puente, que nunca podía ir a las fiestas porque no había manera de pasar el río si dejaba de trabajar.
- Qué tal, amigo Puente. - Dijo la Chimenea.
- Bien, bien, ya estoy acostumbrado a formar parte sólo del paso de la fiesta, pero bueno,lo que dicen de que lo importante es el camino, es una gran injusticia, porque, ¿qué serían los caminos sin puentes?, serían caminos ciegos y frustrados y porque...
- Adiós, adiós, amigo Puente. - Interrumpió Buzón Azul.

Miró a la Chimenea e hizo un gesto de complicidad. - La soledad es mala, hace hablar de más. - Quedaba todavía bastante camino y hacía calor. Pronto llegarían al bosque. Antes vieron varios hombres suspendidos, cuando los trastos se movían, ellos, tan vanidosos, se quedaban suspendidos. La naturaleza los salvaba de su incapacidad para comprender la totalidad del mundo, de su incapacidad de saber y aceptar el mundo, y su magia, en su totalidad. Así cuando los trastos vivían se paraba el tiempo y los hombres que podían percatarse sufrían un dejavú. O tenían problemas.

De repente hubo un gran estruendo, la pareja más grande de la fiesta pasó rauda junto a ellos. La Excavadora Violeta y el Tractor Malva los adelantaron levantando un polvorín tremendo, como si una manada de Ñus jugara al fútbol en un desierto. No le caían bien a nuestros amigos, eran unos abusones, nunca cedían el paso y andaban fanfarroneando y pavoneándose delante de todo el mundo. Decían que eran los más fuertes, querían tener hijos y que fueran hormigoneras.

Al llegar al bosque la temperatura era más agradable aunque la Chimenea nunca tenía calor, es más, al entrar en la umbría se estremeció un poco.

- Buzón, Buzón... ¡para! - El Stop Rojo llevaba años haciéndole la misma broma.
- Quieto estoy. Qué tal amigo.
- Aquí parando y andando. Je, je. ¿Sabéis quién toca en la fiesta?
- No. - Dijo la Chimenea.
- ¡Los Coches Arcoiris!
- Ohhhhhhhhhhhhh...
- Sí, sabía que iba a gustaros. - Sonrió el Stop. - Bueno, os dejo, parejita, a ver si le echo el ojo a una señal redondita y angulosa. ¡Salud amigos!

¿Puede tener una expresión tierna una Chimenea Rosa con lo bien que quema las emociones y todo lo demás? ¿Puedes ver emocionado a un Buzón Azul, tan acostumbrado a tener cientos de cartas con problemas en su interior? Hacía años, hacía ya millones de cartas y tantos fuegos, en un verano de los que aún llovía, ellos se conocieron en esta fiesta y oyeron a los Coches y vieron amanecer y por poco matan de un susto a un tipo que iba a trabajar de madrugada al campo. Qué corrió al pueblo y contó que había visto a un buzón abrazado a una chimenea y no lo volvieron a dejar beber.

Al salir de la fresca del bosque, donde los árboles les miraban con una resabiada superioridad, todo el mundo se cree que es mejor que los demás, está la explanada donde se hacen las fiestas, hay camiones, farolas, señales de tráfico, maceteros y un montón de trastos en amable francachela.
- ¡Cuidado Buzón! ¡Un perro! - dijo asustada Chimenea.
- Ehhhhhhhhhhhh - gritó el Buzón - ¡no quiero que me manches!
El perro olfateo el buzón y se dio la vuelta como si fuera tan normal que el buzón se moviera y le hablara. Como diciendo, ya volveré y habrá hombres y no podrás chillarme.

El Buzón acarició suavemente a su querida Chimenea. En la parte alta de la explanada aparecieron varios coches antiguos y relucientes de muchos colores. Uno de ellos, pintado de rojo y amarillo, cogió el micrófono, que le sonrió con elegante sumisión, y dijo: ¡Hola a todos! Empezaremos por nuestra canción favorita: ¡Quitaros el disfraz!

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