viernes, 23 de febrero de 2007

Carnaval, carnaval...

¿Por qué nunca nos disfrazaron a nosotros?








Inter 3 - Valencia 2

Llevo un año que apenas veo fútbol y que lo poco que veo es al Madrid, es decir que no veo fútbol nunca. Y el miércoles empecé a dudar si ver el Barca o el Valencia, me acordé de Arnessen y vi el Valencia. Un partido en serio. Dos equipazos. ¿Alguien que vea al Madrid entiende porqué no están en la casa blanca Figo y Cambiasso? ¿De donde ha salido Maicon? Silva es ya mejor que Aimar. ¿Por qué juega Morientes en el Valencia y Cassano en el Madrid?

Me gusta el Valencia, siempre ha sido mi segundo equipo después del Madrid y me encanta la apuesta de fichar a los mejores jugadores españoles. Y seguimos esperando al genio del Puerto.

No acosen al asesino


José María Guelbenzu. Punto de lectura, 2003

Me dice Angel que ha comprado una novela policiaca de un tal Guelbenzu, que si lo he leído. Sí, casi no ya, hace veinte años que no toco un libro suyo. Intento recordar qué novelas había leido y lo logro con "El mercurio", que era un tostón y no pude acabarla, las que leí y me gustaron no soy capaz de recordarlas. Miro en la estantería y sólo tengo "El río de la luna", está firmada al comprarla: diciembre de 1991. Pero creo que leí el libro y luego me lo regalaron porque me encantó. Empiezo "No acosen..." pensando que quizá Guelbenzu se haya apuntado a la moda de escribir novela negra por lógicos motivos editoriales, no lo entendáis como un reproche, recordemos: ganar dinero vendiendo libros NO ES MALO.

No lo imaginaba escribiendo literatura de género. Empieza espeso y va creciendo la sensación de escritor con mucho oficio que puede sacar adelante cualquier libro pero no entusiasmar. Y de repente todo cuadra: leo a toda velocidad, el señor Guelbenzu estaba haciendo una de esas grandes faenas que sólo se descubren en el último tercio donde sale a relucir todo el arte del torero y se ve porqué ha hecho lo que ha hecho en los dos primeros tercios. Evidentemente no es una novela negra, hay crimen, asesino y protagonista de una saga, pero desde el principio sabemos quién es el asesino y no se cumplen ninguno de los demás requisitos del género. No importa. Es una estupenda novela, aunque tal vez sobren algunas de las primeras páginas. La estructura es espectacular pero más parecida a Kundera que a Hammet. Si en las novelas de Mankell hace frío en esta llueve como sólo sabemos los que alguna vez hemos tenido la suerte de veranear en Cantabria. Huele a tierra mojada y todo está verde alrededor.

Llamo a I-magina y me compro otra novela negra de Guelbenzu.

jueves, 15 de febrero de 2007

Obras, obras y más obras.

Mirad en qué estado nos encontramos a diario el acceso al colegio Eugenia de Montijo, esto lleva así desde septiembre, no sólo es malo para todos los que a diario vamos por un pasillo enrejado de aproximadamente un metro, (incluidos niños con diversos problemas, recordemos que Eugenia es un colegio de integración), sino que imaginad lo que podría ocurrir si hubiera una verdadera emergencia, un accidente grave o un incendio. Pues no lo imaginéis mucho, hace un par de semanas un chaval sufrió un problema médico y la ambulancia no sabía llegar por el supuesto carril de emergencias que se suponía que habían señalizado. Una profesora salió a buscarla corriendo y al final todo acabó bien.
Por aquí acceden los coches ahora.

Busco en la red y resulta que el 22 de noviembre salió en Ideal una noticia sobre este tema, resultado tres meses después: nada. Recordemos que la solución consistiría en volver a abrir un paso de coches desde Washington Irving, en total unos 150 metros, es decir, nada con una mínima voluntad.


Este es el acceso para peatones.


Hay que hacer obras, es obvio, incluso a veces, las ciudades mejoran con ellas, pero hay que coordinarlas para que molesten lo menos posible y no haya problemas de seguridad, parece tan razonable que un colegio no puede estar incomunicado meses y meses que resulta triste protestar. ¿Quien es el responsable? ¡todos! todos los que no han pensado que ahí había un colegio, desde el concejal de turno, hasta el responsable de la obra, (¿hay responsables de obras en esta ciudad?).

¿Saldremos en Antena 3 lamentando una desgracia?

Y este es el trozo de calle que habría que
abrir.

viernes, 2 de febrero de 2007

Broken follies

Anagrama, 2006

Me dice Sánchez que Auster no tiene la culpa de gustarle a D.. Ya, los autores y más si se supone que son grandes autores no tienen la culpa de no gustarnos, (tampoco de lo contrario, me gustaría que más de uno viera la cara de sus lectores), normalmente tenemos los problemas nosotros y no ellos. A mí no me gusta nada Stendhal, ¿quien tiene el problema?, yo, evidentemente. De todas formas, todavía no sé si me gusta PA. Durante toda mi vida de lector me he dedicado a eliminar los prejuicios que tenía contra la literatura popular, es decir, he dejado de tener problemas con Marcial Lafuente Estefanía, (que me gusta muchísimo), o con Dan Brown, (es curioso que ese libro sea tomado tan en serio). Lamentablemente he acabado en la estupidez contraria que es tener prejuicios contra la literatura de listos.

Leo Brooklyn Follies y, gracias a dios, leer me gusta tanto que todo lo anterior no existe. El principio me sorprende, es divertidísimo, me alegra que en USA hayan visto "Amanece que no es poco". Luego me doy cuenta de que al protagonista ya lo conozco, es William Hurt en "El turista accidental" con 20 años más. Su mujer es un personaje del libro de Chejov que me estoy leyendo. Su sobrina, la historia de su sobrina, la leí en "Predicador", aunque tal vez no era la historia exacta, pero sí el tono y el paisaje. La historia poco a poco se va llenando de gente y situaciones que ya conozco. He leido o visto buena parte de la novela en otros sitios.

El final me emociona y durante todo el libro me acuerdo de la frase de Hemingway sobre su literatura en la que decía que prefería destrozar su instrumento usándolo a tenerlo nuevo y no atreverse o algo así. (Busco la frase concreta en "París era una fiesta", donde pensé que estaba, y no la encuentro). Me queda la sensación de que PA debía y, lo que es peor, podía haber logrado un libro mejor, un libro con más. Pero entonces, probablemente no sería el autor perfecto para tener encima de la mesa de un restaurante vegetariano.

Me gusta Brooklyn Follies, sí, o no, no lo sé, me jode mucho la sensación de libro estupendo, pero, ya se sabe lo que pasa con estos autores, el problema, lo tenemos nosotros. O tal vez lo tengan ellos.